jueves, 14 de noviembre de 2013

Miedo en Nueva York



MIEDO EN NUEVA YORK

  Hace ya alrededor de unos seis meses, me tuve que ir de viaje a Nueva York a causa de mi trabajo. Me fui con muchas ganas, ya que quería conocer esa ciudad. Pero cuando entré en el avión, una rara sensación atravesaba mi cuerpo a cada segundo; era como un mal presagio. No tenía miedo a volar pues ya había viajado muchas más veces en avión, pero nunca me había sentido así. Miré a mi alrededor y todo era normal, hasta que mi mirada se cruzó con la de un hombre de unos cincuenta años que me miraba fijamente. Su mirada no me transmitía nada salvo miedo; me aterraba. Intenté no pensar en ello y el resto del vuelo fue tranquilo.
   Llegué al aeropuerto y todo fue bien. Una vez en la ciudad me puse a buscar mi hotel, pero me confundí de camino y entré en un barrio gris y frío lleno de gente que te miraba con desconfianza. La sensación de estar allí era horrible. De repente, me encontré en una calle sin salida y alguien por detrás de mí me tapó la boca con un pañuelo. A partir de ese momento no recuerdo absolutamente nada. Sólo sé que me desperté en algo parecido a un sótano muy tenebroso y sucio, amordazada y con las manos atadas. No sé describir la sensación de estar allí sin saber ni siquiera cómo había llegado; sólo sentía miedo.
  Pasaron horas y horas hasta que un hombre con el rostro cubierto por completo salvo los ojos me trajo comida. Era una sopa de un color verde asqueroso. No probé bocado, a saber qué era eso. El hombre volvió y al ver que no me la había comido me pegó un puñetazo en la cara y me metió en la boca dos pastillas; se las escupí en la cara e intentó forzarme para que las tomase. Al ver que no me las tragaba, me agarro del brazo muy fuerte y me inyectó algo con una jeringuilla que llevaba en la otra mano. Me desmayé al instante y cuando me desperté estaba encima de una camilla atada de pies y manos y completamente sola en una sala parecida a ese sótano, pero era un quirófano.
  
  Empecé a sudar en frío, me moví todo lo que pude para intentar romper las cuerdas con las que estaba atada pero era imposible y apenas tenía fuerzas. “¿Qué hago aquí? ¿Qué me van a hacer? ¿Por qué yo?” Éstas eran sólo algunas de las pocas preguntas que me atormentaban. Entonces fue cuando me acordé de que antes de venir de viaje había visto en las noticias que una banda de tráfico de órganos operaba por la ciudad de Nueva York. No podía hacer absolutamente nada pues estaba sola allí. Entonces sentí una puerta chirriante abriéndose; era el hombre que había visto en el avión. Comenzó poniéndose unos guantes, después cogió un bisturí, me dio la vuelta y comenzó a rasurarme en la zona de los riñones. Al momento me desmayé y… me desperté en mi cama, un día cualquiera y me di cuenta de que todo esto sólo había sido una pesadilla que cualquiera puede tener. Los sueños sueños son….¿o no?


Escrito por Alba González Prendes de 4º ESO

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